
Parece a veces la vida una novela escrita por un autor obsesivo que todo lo cuadra a medida que avanza páginas.
Ayer fue el día de Sant Jordi, el día del libro en Cataluña. Como es sabido, los autores literarios salimos a exponernos en los puestos callejeros que montan las librerías. Y los autores mediáticos salen a firmar. La diferencia entre los primeros y los segundos es la cantidad de libros vendidos y, también, la atención que pueden prestar a cada unos de sus lectores. Para mí ayer fue un día muy especial. Me ocurrió algo excepcional. Algo realmente extraordinario.
Eran casi las ocho de la tarde. La hora de irme, de acabar la jornada de firmas. Estaba en el FNAC de Diagonal. Había firmado algunos libros. Estaba cansada y miraba el reloj decidida a cumplir hasta el final mi compromiso con los lectores. Mi puntualidad es conocida entre mis amistades.
Y en el último minuto se me acerca un chaval de diez años más o menos, se me planta delante, me sonríe y me dice: Mi padre sabe que a ti te gusta mucho ir a Matarranya. Pensé que me confundía con alguien, al principio. Y se lo dije. El niño miró el cartel en donde constaba mi nombre y dijo: No, no, tú eres Flavia Company, y a veces vas al convento. ¿Yo a un convento? Entonces estuve segura de que se equivocaba, e iba a decírselo, pero añadió: El Convent de la Fresneda.
Ahí caí en la cuenta de que se refería al hotel
El Convent, que se encuentra en el pueblo de La Fresneda. Os recomiendo el hotel y el pueblo. Hace tiempo que no voy, pero no tardaré en volver, y enseguida comprenderéis por qué.
Le digo entonces al niño -para entonces ya sabía su nombre-: "¿Y qué haces aquí solo? ¿Dónde está tu padre?" Me contestó: "Mi padre, en la clínica". Pensé, ¿en la clínica? ¿Tal vez era otro hotel? Ese niño sonriente, dicharachero y seductor no parecía estar preocupado ni nada parecido. Yo insistí: "Pero debes de estar con alguien, ¿no?" "Sí, con mi madre", dijo él. "Que ahora viene". Y justo en ese momento apareció una mujer, algo sofocada, con una bolsa del FNAC en la mano, que venía directa hacia mí.
"Mira, que vengo con un encargo", me dijo mientras sacaba del bolsillo tres hojas cuadriculadas, pequeñas, arrancadas de alguna libretita de espiral. También sacó dos ejemplares de mi libro "Con la soga al cuello" de la bolsa y los despositó ante mí en la mesa. "Verás, mi ex marido está en la clínica, lo han operado de un tumor" -en ese momento se le rompió la voz- "y lo primero que ha hecho al salir del quirófano es pedirme que venga a verte, que compre tu libro, que te diga que él también adora Matarranya, que es amigo de la gente del Convent -me dijo sus nombres- y que por favor le pongas una dedicatoria muy especial. Piensa que es lo primero que ha pedido al recuperarse un poco". Me aguanté como pude las ganas de llorar, aunque se me llenaron los ojos de lágrimas.
Tardé apenas unos instantes en comprender por qué Joan -el nombre de quien ahora ya es un amigo- me conocía.
Años atrás, en una de mis visitas a El Convent, al ver que tenían una buena biblioteca a disposición de los huéspedes, y como me sentía yo allí tan a gusto y me caían tan bien los dueños, decidí regalarles dos o tres de mis libros, para la biblioteca, y dejarlos allí, dedicados. Sin duda Joan los encontró alguna vez, los abrió, se sintió cerca de ellos y por lo tanto, de algún modo, también cerca de mí, y en estos momentos difíciles que pasa, me ha buscado, ha llegado hasta mí.
La emoción que sentí no la puedo explicar. Le escribí, claro, la mejor dedicatoria que pude, que supe. Sentí que Joan cerraba un círculo, que me regalaba una historia y deseé con todas mis fuerzas que dentro de algún tiempo, en El Convent, pudiéramos los dos terminar de contarnos los detalles de este encuentro que todavía no ha ocurrido, de esta pirueta del azar que parece el plan perfecto de un novelista que nunca deja cabos sueltos.
Por eso volveré pronto a El Convent, a buscar a Joan, a charlar con él de cuánto nos gusta Matarranya.
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DESPUÉS DE ESCRIBIR ESTA HISTORIA, MARCO CHINARRO ME ESCRIBIÓ UN MAIL EN QUE ME DECÍA QUE HABÍA LLEGADO POR CASUALIDAD A ESTE BLOG, HABÍA LEÍDO LA ENTRADA Y QUE ENVIABA DOS FOTOS DE LAS CALLES DE FRESNEDA PARA QUE PODAMOS DISFRUTARLAS EN EL TIEMPO QUE TRASNCURRA HASTA QUE VAYAMOS. GRACIAS, MARCO. AQUÍ LAS PONGO.