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Dos caras de la misma moneda. La forma de la vida, que se amolda a nuestro destino.
Hacía tiempo que no veía a alguien recogiendo cartones por la calle. Y eso no ocurre ahora porque se recuperen las buenas costumbres, como la de valorar lo que se tiene, la de reutilizarlo, la de sacarle provecho, la de no derrochar sin ton ni son. No. Eso ocurre porque las desigualdades aumentan, se agrandan, como era de prever. Y cada vez son menos los que tienen más y más los que tienen menos.
La foto que no muestra cartones corresponde a la de una joyería de la calle Fuencarral, en Madrid. Me recordó a aquella sala inmensa de Matrix en donde los seres humanos alimentan al sistema. Espeluznante.
Una de cal y otra de arena. Cara o cruz. Pero no se puede elegir. Te toca donde te toca. Naces en un lugar del mundo y eres rico. Naces en otro y eres pobre. En otro, y te mueres de hambre, de frío, te mueres antes de lo que corresponde. ¿Y cuándo corresponde? Depende de la calidad de vida. Salud, dinero y amor. Salud y dinero son cada vez más lo mismo. La salud se compra. Por suerte, el amor todavía no.
