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lunes, 26 de marzo de 2012

ESTAMBUL

Me quedo con la imagen de la cisterna de Yerebatan. Frío bajo el suelo, ensueño extraño. Otro mundo.

El sonido de Estambul me ha abducido. La mezcla de los cantos de los muecines con el traqueteo y las campanas de los tranvías sumado a las sirenas de los barcos y el grito de las gaviotas. 
Y haber bajado a la cisterna de Yerebatan.
Y haberme alojado en el Pera Palace.
Y haber disfrutado de baños turcos, saunas y baños de vapor. De masajes y jacuzzis.
Y haber comido en el Pandeli.
Y haberme descalzado mezquita tras mezquita.
Y haber visto las costas del Bósforo desde un barco.
Y haber visto cómo un pescador silbaba a una gaviota para que se le acercara y le tiraba un pedazo de pescado que la gaviota cazaba en el aire.
Y haberme paseado por el café de Pierre Loti y descendar tumbas abajo hasta la ciudad.
Haber visto la puesta de sol -acompañada de muecines, gaviotas y sirenas- desde lo alto de la torre de Gálata.
Haber comprado especias en el mercado de especias y toallas en el Gran Bazar.
Abducida, digo.
Me gustan de Turquía el ambiente, el trato, el clima, la luz, la comida, el agua, el tiempo.
Me preocupa de Turquía: la cantidad de mujeres, muchísimas de ellas jóvenes, con la cabeza tapada, a veces toda la cara excepto los ojos, con largas túnicas hasta los pies, enterradas en vida por telas oscuras. 

Aquñi dejo mis artículos más recientes aparecidos en La Vanguardia. Espero que los disfruten. :-)