martes, 4 de junio de 2013

MÁS MICRORRELATOS

 


Esta vez, de mis alumnos de Microrrelatos 1.
Que los disfrutéis. :-)



DESBLOQUEO
Me siento con papel y lápiz y no me sale nada, porque hace tiempo que no escribo. Bloqueo de escritores, le dicen. Sí, es una pared que se me pone en frente y no deja ver mas allá. ¿Qué hay detrás de ese muro? Le aplico un mazo y a escribir. Encuentro un universo lleno de posibilidades. Como un juego de puntos que hay que unir para que tomen forma. Al fondo de todo hay cuatro puntos, los uno y se forma una hoja de papel que también puede ser una ventana, vamos a abrirla a ver qué hay. Estoy en un mundo dentro de un submundo. Hay personas esperando a ser escritas para que comiencen su interpretación. Lo que normalmente me funciona es escribir sobre la marcha y quedarme con lo que me gusta. Por ejemplo, tengo a Carmen de 27 años con su bolso, no sabe que hacer, espera mis instrucciones. Comienza a caminar por una calle que parece un set de Hollywood por donde pasan varios personajes con caras anónimas en un mundo perfecto. Se detiene delante del escaparate de una tienda de novias y fantasea. Se le acerca Tomás, de 30 años, para pedirle la hora. «Te conozco» —piensa ella. El piensa: «Jo, qué guapa eres». Ni Carmen, ni Tomás se percatan de que ella tiene un caniche que la acompaña, a quien acabo de escribir. El perro se lanza a la pierna de Tomás, creando un momento incómodo para ambos que se resuelve con un par de risas. Ella insiste en invitarle a un café, él, sorprendido y confuso, acepta. En la misma acera, al doblar la esquina se materializa una terraza con mesas, muy al estilo francés de las películas. Convenientemente, hay una mesa vacía con dos sillas, se sientan y piden dos cafés con leche. Todo parece inofensivo hasta que coloco un dispositivo de grabación de vídeo y sonido dentro del bolso que Carmen cuelga cuidadosamente del respaldo de la silla. Tomás mira su propio reflejo en el cristal del bar asegurándose de que va bien puesto, se quita su foulard y lo cuelga de su silla. «Manos al asunto» dice ella. Carmen abre su mano y revela una pequeña caja de madera que coloca sobre la mesa. Él la mira y extiende el brazo para abrirla, pero son interrumpidos bruscamente por el camarero, a quien doy un poco de personalidad haciéndolo torpe y despistado. Coloca las dos tazas de café sobre la mesa y al verter la leche en sus respectivas tazas la derrama sobre la caja ensuciándola. Carmen y Tomás se miran con miedo y sorpresa, el camarero se disculpa y la coge para lavarla. Justo en ese momento llega el camarero real pues el primero es un impostor que sale corriendo a toda prisa con la caja en su poder. Carmen y Tomás reaccionan, agarran sus prendas y corren detrás de él. (Ahora el perro estorba, tengo que acordarme de borrarlo). El falso camarero, a quien llamo Toni, cruza la calle a toda velocidad, la pareja cruza detrás de él, esquivando coches que va plasmando mi mente en el papel. Toni entra en un edificio que crece 5 plantas ante los ojos del lector. Segundos después, la pareja entra al vestíbulo y no le ve. Rápidamente deciden separarse: él tomará las escaleras y ella el ascensor, que la señal indica que ha parado en la última planta. Minutos más tarde, la pareja se reencuentra delante de la puerta de la azotea. La abren y hay una multitud de caras conocidas y sonrientes que gritan: «¡Sorpresa!». Se acerca sonriente el impostor que se quita un falso bigote y una peluca, revelando su identidad de futuro padrino de bodas. Le guiña el ojo a su cómplice, Carmen, y abraza a Tomás. Toni se despega de él revelando a sus invitados que voy multiplicando a medida que su brazo va de un lado a otro. Encima de los partícipes de la fiesta se lee un gran letrero de colores que pone: «FELICIDADES». Al fondo de todo hay una gran pantalla de vídeo que ha estado exponiendo toda la movida. Los tres se acercan al entusiasmado grupo, alguien le da un micrófono a Carmen y su cómplice le devuelve la pequeña caja. Ella se apoya en una rodilla delante de Tomás y cuando está a punto de hablar, decido dejarles en privado pues las fiestas de boda o pre-boda me agobian. Cierro la puerta de la azotea, que convierto en una hoja papel, que ahora permanece escrita. En cada esquina hay un punto que yo mismo he unido con trazos. Dejo el lápiz sobre el papel y me echo hacia atrás balanceándome sobre las patas traseras de la silla. Estoy satisfecho.
Arturo Hernández


PRIMAVERA
                           
   Avui al tren ha pujat una abella. S’estava quieta a sobre de l’únic seient buit, lluint el seu cos ratllat. Ha atret les mirades dels que sèiem al voltant, i també la d’un home que s’estava dret. Els desconeguts ens buscàvem amb els ulls, i ens informàvem els uns als altres; ha començat a córrer la notícia.
   La noia grassa s’ha aixecat amb cara d’espantada i s’ha canviat de lloc. Somreia la dona dels llavis molt pintats, com amb ganes de parlar. L’home gran de la caçadora s’ha acostat a l’insecte i ha murmurat entre dents. El noi de la gorra ha deixat un moment de mirar el mòbil, i després ha tornat al seu joc. L’abella continuava allà quieta, tothom esperava que passés alguna cosa.
   A la mateixa parada que jo, l’abella també ha baixat. De seguida ens hem perdut entre la gent.    
Montse Alegrí


                                                  Agujero negro

Día tras día, a la vieja estación acuden decenas de personas grises, vencidas, la mayoría ancianas. Se acumulan poco a poco en el andén, pacientes, mientras un viento gélido hace oscilar el enorme reloj central. Van ligeros, sin maletas. En la espera, los pasajeros se miran unos a otros con resignación.
Cuando la estación queda desierta, vuelve el silencio.
Quienes conocen la situación afirman que hace más de medio siglo que no circulan trenes por esas vías.


 Lauren Capilla



2 comentarios:

Claudia Cano dijo...

Maravillosos estos micro relatos, el que está en catalán, bueno, no lo entiendo todo.
Ha sido un gusto leerlos.
Saludos.

Flavia Company dijo...

Claudia:
Gracias. La verdad que son buenos microrrelatistas. Me alegra que te hayan gustado.