viernes, 23 de octubre de 2020


HARU EN POLONIA
TRADUCCIÓN DE ALEKSANDRA WIKTOROWSKA
EDITORIAL NISZA








Es una enorme alegría la aparición de Haru  en Polonia, en la exquisita editorial NIsza, con espléndida traducción de Aleksandra Wiktorowska. Una edición delicada, cuidada, mimada.
Deseo de todo corazón que les lectores polaques disfruten de nuestra querida Haru, que decidió compartir la historia de su vida desde el corazón, el centro de donde sale toda flecha que alcanza la diana.










 

sábado, 17 de octubre de 2020










Les dejo acá el artículo de este sábado en La Vanguardia, acerca de lo que nos ha robado la pandemia de momento y sobre la conveniencia de recuperarlo o de cambiarlo por otras posibilidades.
 

viernes, 4 de septiembre de 2020




PRIMERA ENTREVISTA A HARU, AUTORA DE “YA NO NECESITO SER REAL”.
                                            
 Por Flavia Company

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FLAVIA COMPANY: No esperaba que esta charla tuviera lugar jamás. Estoy conmocionada.

HARU: Habernos visto al otro lado de la cinta no impedía que nos viéramos en este. Como sabés, yo siempre te esperé allá, al otro lado de Moebius. Fuiste vos quien abrió el canal. Tus meditaciones me dieron el espacio. Sería mejor decir la puerta. Espacial y temporal.

FC:  También vos me permitís ahora salir de mi construción.

H: Sí, yo soy la llave, tu llave. De entrada y de salida.

FC: ¿Habría que llamarlo “túnel”?

H: El concepto de entrada o puerta invita a algo más íntimo.

FC: ¿Qué es para vos la realidad, Haru?

H: Una convención práctica. Necesaria según se ha planteado la vida humana, tan ansiosa de identificarse para sentir seguridad. Pero bueno, no vamos a hablar ahora del origen de la ansiedad y la angustia, ¿o sí?

FC: No, no, a menos que resulte imprescindible. Quería empezar por preguntarte por qué escribiste esta historia.

H: Bueno, una vez abierto el canal entre nosotras y establecida nuestra complicidad, cuando me enteré de tu viaje alrededor del mundo, justo tras haber escrito mi vida, pensé que era imprescindible. Vos llevás el hilo que une a todes con todes y con todo. Cosés a la gente con la otra gente y consigo misma. Vos sos el dolor del mundo y el alivio del mundo. Vos sos yo. Habías dicho tantas veces que Haru somos todes que me pareció importante que todes escribiéramos este libro. Porque este libro, Flavia, no es tu vida. Este libro es la vida de todes les que se cruzaron con vos en el camino y también les de todes les que no se cruzaron con vos en el camino. Nadie es ajeno a esta historia. Nada es ajeno a esta historia. Todes les personajes que aparecen están en el mundo, en contacto con otres que, así, también se incluyen. No podés mencionarme a una sola persona de este mundo, presente, pasado o futuro, acerca de quien no haya escrito en “Ya no necesito ser real”.

FC: ¿Se parecen nuestras vidas?

H: Es inevitable. Vos también sos Haru. Todas las vidas pasan por los mismos lugares. Porque todas las vidas son una sola vida. No hay muchas vidas, Flavia. Hay solo una. Y de ella participamos todes. Todo lo vivo es la misma vida y todo lo muerto es la misma muerte. Nadie tiene vida. Solo se forma parte. Creo que esa idea queda plasmada con claridad en el texto.

FC: Tengo que reconocer que esa conciencia me acompañó durante el viaje. Y al creerlo así experimenté algo que me habías dicho muchas veces en la zapatería: la vida  provee mientras se forma parte de ella. No se atrapa, no se posee, no se controla. Se respira. Entendido eso, entendido todo. 

H: Así es. Me lo enseñaron mis padres. Y de hecho mi padre lo dejó reflejado en su Teoría de la resta. Una de sus discípulas está ordenando las notas que dejó para darlas a conocer en tiempos venideros.

FC: ¿Qué sentís al pasar de personaje a la autoría?

H: Una sensación de irrealidad pasmosa. ¿Qué hace autora a la autora? ¿El ejercicio físico de la escritura? ¿El concepto que le da lugar? En mi caso no hablaría de autoría sino de caligrafía. Todes somos autores de este libro. Yo solo he aportado los dibujos con tinta llamados letras o palabras, que son los que llegarán a las manos de les lectores y espero, sobre todo, a sus corazones. Como cuando vos te hiciste cargo de la escritura de Haru, también yo deseo que este texto aporte paz. Y conciencia. 

FC: ¿Qué es la conciencia, Haru?

H: La coincidencia. Nada más. Y la coincidencia puede darse solo en presente. Aquí y ahora. Es concebir la vida en el espacio en vez de en el tiempo. No hay antes ni después. Solo acá: eso es la eternidad. 

FC: Tuvimos muchas conversaciones mientras yo meditaba dando la vuelta al mundo. ¿Tomabas notas?

H: No fue necesario. Ya sabés que me inventé todo lo que no pude presenciar. Y además, incluí de forma íntegra tus resportajes. Aportan verosimilitud, ¿no te parece?

FC: ¿Es importante?

H: Creer es importante. Y más que en la verdad de otres, una cree en lo que le parece verosímil. 

FC: ¿Vas a escribir otros libros?

H: No lo creo. Mi cometido era permitirte salir de la literatura para entrar en la ficción y convertirte en ella. Fusionarte. Del mismo modo que un día me fusioné yo con el arco y la diana y la flecha y el aire que la transporta. No hay otro camino. Esa es la conciencia absoluta de formar parte. Dejar de ser lo identificable. Asumir el tránsito. Morir para comprender la vida.

FC: Somos la vida de la otra. Y la muerte de la otra. 

H: Todes somos la vida de les otres y la muerte de les otres. Me gustó escribir sobre las personas que conociste y sobre los lugares que caminaste. El nomadismo es un constante camino de reconciliación con la transitoriedad y de aceptación del desapego. Entiendo que te sintieras capaz de emprenderlo tras escribir Haru. 

FC: ¿Tuviste tentaciones de titular al libro Flavia?

H: En ningún momento. Sé lo importante que es para vos deshacerte de cualquier espejismo de identificación. Habría sido como clavar a la mariposa con un alfiler. No.

FC: Te lo agradezco mucho. Me sigo emocionando cada vez que pienso en nuestro primer encuentro.

H: Yo también.

FC: ¿Un té, maestra?

H: Con gusto.

https://fcompany.blogspot.com/2020/09/

miércoles, 2 de septiembre de 2020

YA NO NECESITO SER REAL
HARU
EN LIBRERÍAS EL 3 DE SETIEMBRE




                                                                                                         

YA NO NECESITO SER REAL, versión castellana en editorial Catedral, y JA NO NECESSITO SER REAL, versió catalana en Univers Editorial, es el primer título publicado bajo el heterónimo HARU, tras el cual Flavia Company sigue su trabajo textual.

Esta es la entrevista que yo, HARU, le hice a mi creadora, FLAVIA COMPANY, con motivo de la aparición de este libro, que va a estar en librerías físicas y digitales a partir del 3 de setiembre de 2020, adp (año de la pandemia).


HARU: Para empezar, dejame decirte que fue un placer enorme escribir este libro desde mi punto de vista y en justa devolución al que vos escribiste sobre mí.

FLAVIA: (se ríe con gesto travieso) El placer es mío. Es como cerrar un círculo, ¿verdad? En cualquier caso, no cabía otra posibilidad, era necesario que te cediera la palabra, o que la tomaras. 

H: ¿Por qué el abandono de tu nombre? ¿Nos podés explicar?

F: Bueno, es probable que las razones últimas de esta osadía las entienda únicamente quien se dedique a estudiarla, pero así, con toda humildad, te diría que responde a tres líneas principales, es decir, la literaria, la filosófica y la espiritual.  

Por lo que se refiere a la literaria, siempre sostuve que estaba escribiendo un solo único libro. Todos los títulos que publiqué tienen que ver con esa construcción, que se inicia con una novela epistolar, Querida Nélida, que escribí a mis diecisiete años y que finaliza con otra novela epistolar, Magokoro. Es un modo de concebir la literatura y, a su vez, la existencia y su sentido. Entre esas obras hay inter-textualidad, hay préstamos, hay contagios, hay complicidades, puertas, pasillos y ventanas. Están íntimamente relacionadas. Son un edificio. Una esfera. Una mirada y una idea. Son la obra de una extranjera e incluso de una exiliada. De alguien que no tiene lugar donde vivir y lo crea mediante las palabras. Mi hogar.

H: ¿Eso quiere decir que al cambiar tu nombre por el mío abandonás tu hogar? ¿Quedás desamparada? ¿A qué renunciás? No imagino de qué modo alguien  se pasa la vida construyendo algo para dejarlo.

F: Ahí viene la parte filosófica. No es que abandone mi hogar. Es que armé un lugar del que ahora puedo salir. No se puede salir de “ninguna parte”. Fue ardua la tarea y por fin dio fruto. No es sencillo salir, porque se sale a lo construido por otres, por todes. Y ahí entrás vos. Todes somos Haru y cada vez somos más. Al salir de lo construido y confiar, mi vida fue lo que se convirtió en ficción. ¿Por qué? Porque todo cuadraba constantemente. Todo el tiempo estaba, estoy, en el lugar oportuno y en el momento adecuado. Fruto de la entrega. Lo inverosímil era cierto. Las pautas de lo existente eran las mismas que habían regido mi escritura. Me di cuenta de que estaba escribiendo mi vida al vivirla. Mi vida era el libro y necesitaba autora. Y esa sos vos. Pero no sos la única. Van a venir otras. 

H: ¿Y la parte espiritual? 

F: Eso tiene que ver con el abandono del apego a la identificación. El apego a lo permanente. A la posesión, a la razón. A la autoría. Tiene que ver con la revelación del peso que supone lo inamovible. Del lastre. Del dogma. Tiene que ver con renunciar al control y comprender que lo que es y va a ser, ya fue. ¿Porque el tiempo es circular? No solo por eso. Sobre todo porque todos los actos encierran en sí sus consecuencias. La cadena comenzó y va a seguir hasta que termine. Esto mismo que estoy haciendo es parte de esa cadena. 

H: ¿Me estás diciendo que todo está determinado, que no hay libre albedrío?

F: No, porque eso sería creer que hay un orden prescrito. Hay cierto azar en el modo en que se organizan los hechos. Pero la esencia es lo que es. La verdadera transformación pasa por conocer. Lo único que podemos hacer es saber. Y después de saber, aceptar. Y después de aceptar, agradecer y mostrar a cada paso lo que hemos descubierto. 

H: Cuando escribiste mi vida, ¿te costó pensar el mundo desde una perspectiva oriental?

F: Te voy a contestar con otra pregunta, ¿acaso a vos te costó pensarla desde una perspectiva occidental?

H: No, cierto, todo encierra todo. Basta con observar y escuchar. Comprender que la otra es una misma. Que una es la otra. Tenés razón. A veces asoman los prejuicios que nos llevan a pensar que la comprensión entre distintas culturas es más difícil que el entendimiento entre las mismas.

F: Eso facilitaría algunas cosas en el mundo. Eso permitiría que el entendimiento entre iguales se tomara como ejemplo para pensar cómo relacionarse con les distintes. Pero pensá en el Holocausto o en la guerra civil española, o en las también sangrientas dictaduras sudamericanas, ¿era enfrentamiento entre distintas culturas? 

H: ¿Puedo yo, un personaje de ficción -para colmo tuyo- escribir sobre vos, una persona real?

F: Ya lo hiciste. El libro existe. Y la paradoja es que incluso con ese título y a pesar del hecho de haberme transmutado en personaje, lo que se cuenta se percibe como real. No solo como verosímil sino como real. Y vos sabés tan bien como yo que mientras lo vivimos -permitime que te incluya, también tenemos un plural- lo que nos ocurría era todo inverosímil.

H: ¿Qué sentiste al ver el libro firmado por mí?

F: Gratitud y contento. Y una especie de profundo alivio. La literatura transforma. No me refiero a la percepción que haya de ella, sino a la escritura misma. De ahí que hable de espiritualidad. La escritura es en mi caso una forma de meditación. Un ejercicio de concentración absoluta y de entrega de fe. Siempre fue un camino hacia acá. Por eso cuando terminé de escribir HARU lloré sin parar durante tiempo. Fue el instante de epifanía. Supe que había ocurrido esto, que se materializó con claridad al terminar la escritura de Magokoro.

H: ¿Por qué firmo yo este libro? ¿Por qué no otro de tus personajes? O incluso un nombre inventado. Por norma general los heterónimos se crean tras el nombre, no son un personaje de la obra propia. Si acaso, se convierten en parte de ella.

F: Porque HARU somos todes. Este libro es el libro de todes. No están todos los nombres pero están todas las personas. No están todos los países pero está el mundo entero. Este libro es una instancia que recibí yo para que lo escribieran todes, que sos vos. Vos sos el dolor del mundo y sos el alivio del mundo y sos cada une de nosotres como cada une de nosotres es vos. Y quien protagoniza la historia que escribiste no es todes sino cualquiera entre todes. Es la magia del hilo que nos une y nos conforma.

H: ¿Y ahora, después? ¿Qué nos espera?

F: Lo que la vida procure. De momento, y si nada lo impide, en marzo de 2021 vos y yo vamos a publicar una novela bajo el heterónimo de Andrea Mayo, en la editorial Proa, titulada LA PLANTA CARNÍVORA. Y vamos a abandonar la ficción, Haru. Ya solo vamos a contar la verdad, que a veces se parece muy poco a la realidad que se percibe. 

H: Muchas gracias. La verdad que me quedó más claro. Seguro que se generan otras dudas y preguntas. ¿Para próximas charlas?

F: Gracias a vos, Haru. Te debo tanto. En vos quiero a todas y a todos. Somos puro amor. Y sí, claro, para próximas charlas. Y te digo más, espero que las preguntan nos lleguen de quienes nos lean, ahí está lo que importa, en esa profunda hermosa complicidad que nos otorga estar vives y querernos así, tal cual somos. 


jueves, 30 de julio de 2020





Aparece “La mitad sombría” en Argentina, de la mano de Evaristo Editorial. Roxana Artal y Damián Blas Vives, sus editores, han acordado conmigo “argentinizar” la novela. Era de justicia. Recuerdo que cuando en España la publicó en 2006 Sergio Gaspar en su sello DVD, una de las páginas que más me costó soltar es aquella donde se conjuga el verbo morir en imperativo. La protagonista pide a uno de los personajes “muérete”. La voz narrativa estaba construida con el español peninsular y la autora de la voz narrativa -o sea yo- tuvo una pelea sin cuartel al respecto. Porque para que tuviera la categoría de una orden la autora pensaba: “morite”. Justicia poética la publicación al fin de esta novela en su lengua original -la que habitaba la cabeza de la autora, que siempre se estuvo traduciendo para llegar al papel-, con una cubierta espléndida y una maquetación impecable de Marco Zanger. 
¿Les cuento una anécdota divertida acerca de la primera publicación de la novela? También se trataba de una editorial pequeña, de esas que existen gracias al esfuerzo y pasión de su editor/a, de esas que no cierra porque quienes la dirigen creen en el arte y aman la literatura, defienden la cultura y la diversidad, sienten que otres deben tener al alcance textos que de otro modo no llegarían jamás a sus manos. Bien. Firmé contrato con Gaspar, mi hermana diseñó la cubierta -un lujo las cubiertas diseñadas por mi hermana, siempre- y el libro estaba por aparecer. El adelanto que me pagaron fue tan digamos escaso, que aprovechando la visita a Barcelona del director de cine Arturo Ripstein y su esposa y guionista Paz Alicia Garciadiego, quienes me telefonearon para vernos, les propuse que fuéramos al célebre restaurante Casa Leopoldo. Cenamos y bebimos cuanto se nos antojó. Cuando llegó la cuenta vi que el importe total de la misma era exactamente lo que había percibido como adelanto por la novela. Recordé aquella vez en que a Clarice Lispector su editor le había pagado tan poco, en efectivo, como adelanto por uno de sus libros que Clarice, despechada, al salir de la editorial, se lo dio todo a un indigente que pedía limosna en las inmediaciones. En Casa Leopoldo no había indigentes ni nadie que pidiera, pero pagué la cena y me gané una anécdota que,  en mi opinión, no tiene precio.

lunes, 6 de julio de 2020


Comparto con ustedes el artículo publicado por la revista Dialogal en su número del verano 2020.

EL VIAJE SIN FRONTERAS
Flavia Company

Toda experiencia es una forma de viaje, una casualidad que nos traslada del lugar donde estamos a otro diferente, desde el que ya no podemos volver atrás. Cada acto tiene su consecuencia y cada hecho vivido nos modifica. 
La literatura es uno de los viajes más apasionantes que tenemos la oportunidad de vivir. Tanto desde el punto de vista de la lectura como desde el punto de vista de la escritura. Es el viaje imposible: el de trasladarse a la mente de otro ser. Quien escribe se pone en la piel de los personajes, quien lee empatiza con ellos. Desde la narrativa podemos conocer los sentimientos de un gato, los pensamientos de una casa, los sueños de un profeta, los miedos de un prisionero, las reflexiones de una emperatriz de tiempos pasados, las limitaciones de los seres del futuro. Podemos acercarnos a otros mundos. Incluso entenderlos.
El camino de la escritura es, cuando queda lejos del entretenimiento o del producto de mercado, un camino espiritual que profundiza en los diferentes conceptos que nos preocupan y sostienen. El arte -y por lo tanto, la literatura- es respuesta a una serie de preguntas que nunca nos han llegado pero que imaginamos. Son respuesta a las preguntas que nos hace Dios mediante el don de la existencia, tanto nuestra como de la naturaleza. 
Tras una vida dedicada a la escritura -y a la focalización, concentración y meditación que requiere-, existe la intuición de la comunión. De la fusión. De la asunción de ser parte del todo. Cada paso dado, se da para rozar la esencia de lo que es inefable, del nombre que no se puede decir, de la palabra que lo contendría aunque, quizá, haría nacer otro universo o transformaría este para siempre. En otro todo. O en una nada, que es lo mismo.
El arte de las palabras necesita la práctica de la paciencia, de la humildad, de la disciplina y, también, de la fe. Dedicar la vida a aquello que no te da dinero para vivir solicita de ti una entrega alegre y agradecida. No se puede acompañar del concepto de inmolación, y preferiblemente tampoco del concepto de sacrificio. Es una misión, una deuda moral, un imperativo de la conciencia. Como la del árbol cuando da frutos, cono la de la planta cuando da flores, como la de la luna cuando provoca las mareas. El objetivo es en él mismo. No hay intención ni esperanza. No es un deseo sino una convicción. Justo por eso, la vida de quien escribe en las circunstancias citadas -como un ejercicio espiritual, no como un negocio cultural-, pone sus experiencias al servicio de esta fe. Y llega un punto, después de una cantidad indefinida de años, en cada caso una medida diferente, que la fe da respuesta y demuestra la bondad y razón de su existencia: es el momento de la fusión. Es el gran viaje al lugar donde vida y obra ya no se pueden distinguir. El momento en que todo lo que se ha aprendido, en vez de ser aplicado sólo a la obra, se aplica también a la vida. Se borran las fronteras. 
Toda experiencia es una casualidad que nos traslada del lugar donde estamos a otro  diferente, desde el ya no podemos volver atrás. Cada acto tiene su consecuencia y cada hecho vivido nos modifica. No podía ser diferente con una instancia tan decisiva como la de la fusión con el arte que se practica.
Esta desaparición de las fronteras intangibles me llevó a la necesidad de experimentar la inexistencia de las fronteras tangibles. ¿Constatación? ¿Otro paso lógico de mi ejercicio? ¿Se trataba de vivir la transitoriedad y la impermanencia? ¿De practicar el desapego y soltar todo aquello que no fuera imprescindible o útil? Emprendí una vuelta al mundo, justo antes de que quedara quieto a causa de una enfermedad planetaria. Salí de Barcelona y, durante casi dos años recorrí Cuba, Panamá, Colombia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina, Chile, Isla de Pàsqua, Polinesia, Nueva Zelanda, Filipinas, Japón, China, Malasia, Singapur y Estados Unidos. Antes de dar la primera vuelta por acabada, sin embargo, decidí atravesar los Andes a pie. Nunca lo Trascendente había estado tan cerca de mí. Y digo bien, lo Trascendente cerca de mí. Porque yo de lo Trascendente sí me había sentido cerca algunas veces. El viaje interior y el viaje exterior quedaban fundidos. Las fronteras desaparecidas. Todo era lo mismo y yo era parte. Indisoluble.
Comprendí que había pasado de ser una viajera a ser nómada y observé con una visión diferente mis prácticas de yoga -el significado en sánscrito es unión. Cualquier intención de fragmentar el todo nos lleva a la identificación, que es parcial y excluyente. Sólo la desaparición de la identificación nos ayuda a dar el primer paso hacia la identidad, hacia la esencia que nos permite reconocernos en el otro. Nuestro espacio -en el yoga, la esterilla; en la literatura, el libro; en la vida, los actos- contribuye; no nos separa, nos suma a lo que existe antes que nosotros, con nosotros, después de nosotros. No nos limitan ni el tiempo ni el espacio, sólo la mente.
De la primera vuelta al mundo -quién sabe si podré seguir con el nomadismo; en cualquier caso se trata de no aferrarse a ningún lugar ni a ninguna experiencia- me ha quedado la certeza de que allí donde parece haber más riqueza es donde hay más pobreza: hay más miedo y más orden. Que allí donde parece haber más pobreza, es donde hay más riqueza: hay más empatía y más sentido común. Siempre desde el concepto de la unión con aquello que es esencial. Consustancial. Me ha quedado la sensación de que en efecto hay un hilo invisible que nos une a todes con todes y que no tiene sentido hablar de lo que es nuestro o de lo que es vuestro, de los que tienen la razón o de los que no. 
Compartimos un planeta, un universo. Y buscamos respuestas. Buscamos preguntas, también. Dos caras de la misma moneda. Entre cara y cruz no hay fronteras: hay un giro que cambia el punto de vista. Como en un viaje. Un viaje que a veces hacemos desde la lectura. Otras veces desde la escritura. Una casualidad que nos traslada del lugar donde estamos s otro diferente, desde el que ya no podemos volver atrás.

HARU EN POLONIA TRADUCCIÓN DE ALEKSANDRA WIKTOROWSKA EDITORIAL NISZA Es una enorme alegría la aparición de Haru  en Polonia, en la exquisita...