jueves, 31 de marzo de 2016

GRACIAS POR HARU

Esta foto me la hizo Miri García en diciembre de 2015


Llegó el día de la presentación de HARU. Me siento agradecida. Esa es la palabra que mejor define lo que siento estos días.
Agradecimiento.
A Inma, mi compañera de viaje, porque nuestro amor me ha permitido encontrar el lugar desde el que recibir a Haru y pensarla para ser capaz de ofrecerla.
A Iolanda Batallé, mi sin par editora, por haber utilizado su varita mágica para que todo fuera posible.
Al espléndido equipo de Catedral: Maribel, Pilar, David, Iolanda, David, Marcelo, Albert, Pep, Pau. En sus manos Haru es posible, crece, viaja.
A mi hermana, Mirinda Company, porque ha trabajado hasta encontrar la única cubierta posible.
A quienes han revisado comas y puntos, letras ausentes y letras traviesas, Olga, Mercè, Inma, Ferran.
A Miri García, por las fotos.
Y a vosotros y vosotras, amigos y amigas, lectores y lectoras, las personas que lleváis años acompañándome, dándome fuerzas. Y a los que acabáis de llegar. Y a los que llegaréis. Sois vosotros y vosotras quienes me habéis sostenido cuando a veces, en estos treinta y cinco años de entrega a la literatura en cuerpo y alma, cuando a veces, digo, he estado a punto de tirar la toalla, he pensado que quizás me equivocaba, he sentido que me faltaban las fuerzas, he sufrido "La mitad sombría". No puedo escribir aquí todos vuestros nombres porque, por suerte para mí, sois muchos, muchísimos, cada vez más. Y sois justo los lectores que debo encontrar en mi camino, los que comprenden lo importante que es HARU para mí y los que, con su generosidad, harán que HARU sea importante para ellos. Gracias.
Al yoga y a la meditación, prácticas sin las cuales no habría alcanzado el silencio necesario para escuchar lo inaudible, :-)
Debo mi agradecimiento también a quienes ya no están, especialmente a mi abuela, pero también a mi madre y a mi tío, que me regalaron, entre los tres, la capacidad de vivir sin miedo y la de creer en el amor por lo que se hace.
Por último, también a mi padre, que quizás sin quererlo, me enseñó la importancia del desapego.
HARU soy yo y HARU somos todos.
Gracias.

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