lunes, 10 de agosto de 2015

MELALCOR, según Carlos Tábano

 
 
Dejo aquí el comentario que Carlos Tábano ha escrito sobre su lectura de Melalcor. Es una lectura que capta por completo la intención de quien escribió la novela. Me ha resultado emocionante leerlo. Gracias, Carlos. 
La página de Carlos: http://www.carlostabano.blogspot.com.es/
 
MELALCOR CONTRA EL GRAN CUADRICULADO

Comentarios de un lector (Carles Tàvec) sobre la obra de Flavia Company “Melalcor”

Há um cansaço da inteligência abstracta, e é o mais horroroso dos cansaços. Não pesa como o cansaço do corpo, nem inquieta como o cansaço do conhecimento e da emoção. É um peso da consciência do mundo, um não poder respirar da alma.

Hay un cansancio de la inteligencia abstracta, y es el más horrendo de los cansancios. No pesa como el cansancio del cuerpo, y tampoco inquieta como el cansancio del conocimiento y de la emoción. Es el peso de la conciencia del mundo, un no poder respirar del alma.

Fernando Pessoa, El libro del desasosiego.  Párrafo de las páginas 95 y 96 de Melalcor, en la  edición de Muchnik Editores.

Mi corazón ya no aguanta,/ El modo en que doblas la manta,/Y si te vas no volverás,/ ¿Por qué será que no llega mi muerte/ si al fin y al cabo no soy tan fuerte?/ Y tú eres consciente/ con tu lúcida mente/ Adiós, pues, mi amante,/ has cumplido muy galante.

Señora Savalt  
El título de este conjunto disjunto de comentarios es más propio de un comics que de una novela, y sin embargo es el que mejor refleja mi lectura de Melalcor.

Confieso que he leído una nota del diario El País del año 2001, y también algunos escritos que flotan en la web en los que se comenta la obra; pero mi enfoque diverge de esos al no ser una crítica literaria que no estoy capacitado para hacer, sino opiniones subjetivas que hasta pueden contrastar con la idea en torno a la cual la autora escribió la obra.

Coincido en que el problema de la identidad (quién soy), en íntima relación con el concepto de personalidad (cómo soy) está presente en Melalcor; pero no asocio ese aspecto con la heterosexualidad, la homosexualidad, o la bisexualidad, sino con la cuestión más profunda del ser.

No es este el lugar para explayarse sobre aspectos de la Psicología, por eso solo diré que la obra me resulta junguiana en cierto sentido, desde que hace patente las contradicciones desgarradoras que aquejan al individuo narrante (él/ ella), ya que mientras su conciencia lo/ la obliga a acatar su rol predeterminado dentro de la familia (vista como institución caduca) y a responder como persona (máscara) según lo que se espera de él/ ella, el inconsciente le exhibe sus deseos en primer plano, empujándolo hacia una liberación que por indecisión le cuesta realizar. El resultado es una neurosis manipulada con habilidad por el entorno. El individuo narrante se siente tironeado y entra en la desesperación antes de encontrar el camino. Por eso me parece un acierto de la obra haberles dado carácter autónomo a La Gran Culpa y a La Gran Fuerza Creadora, como si fuesen dos personajes que encarnan fuerzas contrapuestas, una lucha de titanes.

Padre omnipotente y golpeador, madre sumisa (“la estreñidita”), y hermano mayor preferido por causa de su adaptación al sistema tejen un lazo muy fuerte como para que el narrador intente liberarse. Prefiere engañarse y tratar de alcanzar la zanahoria, aunque eso signifique renunciar a lo que quiere; pero cada día que pasa la hortaliza está más lejos….

El miedo a sentir, es decir, el miedo a ser, a comprometerse, que en definitiva es miedo a crecer, espanta al individuo narrador, que en un huida hacia adelante escinde el sexo del amor, porque el sexo es pasajero, satisface una necesidad y ya; pero el amor exige continuidad, renunciamientos y cuidados, un entregarse en cuerpo y alma, y eso le provoca pánico.

Con prosa antibarroca, que podría leerse a la velocidad de la moto que conduce el individuo narrante, la autora ha escrito un alegato en contra de ciertas convenciones sociales e instituciones, y en contra de esa necesidad en parte insana de clasificarlo todo, de cuadricularlo, de medirlo, pesarlo y empaquetarlo, como hace Lola, uno de los personajes.

Pero “ojo al piojo”, como decimos en la Argentina, pues detrás de esa escritura sin lastre cada párrafo es como un iceberg: concentra no solo la densidad de las palabras escritas sino también el peso de las otras, las sumergidas, que el lector irá reflotando según sus pálpitos. Por esa razón pienso que puede haber tantas versiones de Melalcor como personas la lean, pues la autora consigue involucrar al lector como copiloto de la travesía, tal vez siguiendo la tradición del maestro Julio Cortázar, al que algunos intelectualoides ningunean por no querer o no poder comprender el enfoque lúdico que de la literatura tenía el Cronopio Mayor.

Los seres humanos somos una especie en tránsito desde la animalidad instintiva de los mamíferos, que se conserva en lo profundo de nuestro cerebro primitivo anestesiada por las represiones, las convenciones y las imposiciones, hacia algo desconocido, de lo que empero somos protagonistas.

Si Melalcor pretendiera dejar un mensaje, tal vez sería este:

Atrévete a ser tú mismo, y a cumplir tus deseos contra todo lo que pretenda impedírtelo.

2 comentarios:

Blanca dijo...

Vaya lectores maravillosos.

Flavia Company dijo...

Blanca:
La verdad es que sí. Un auténtico privilegio.
:-)