sábado, 25 de abril de 2015

EL MOTÍN DE SARA




LO QUE QUEDA DE SANT JORDI: EL MOTÍN DE SARA

El año pasado, para Sant Jordi, en la parada de la librería infantil Al·lots, estaba yo firmando libros cuando, de pronto, vi a una niña que asomaba nariz y ojos por encima de la mesa en donde estaban colocados todos mis libros. Los miraba sin decidirse. Pero los miraba. Entonces le pregunté si quería que le contara de qué iba cada uno de ellos y me dijo que sí. Le relaté con bastante detalle los argumentos y atendió con inusitada concentración. Por fin, cuando terminé, Sara levantó la vista hacia su madre y le dijo con cuál se quedaba.

Al cabo de los días supe que el libro que había elegido le había gustado mucho y que había pedido que le compraran algún otro de la misma autora. Lo supe porque su madre me había enviado un twitter para contármelo. Y en ese mismo twitter me pidió que le avisara si hacía alguna presentación, de manera que el mes pasado, cuando presenté Al teu rotllo, me acordé y les envié un twitter. Y vinieron. Y nos encantó volver a vernos. Y acordamos reencontrarnos en Sant Jordi.

Así que ayer ya sabía yo que volvería a ver a Sara, pues su madre, Teresa, me había preguntado dónde podían encontrarme. Sin embargo, a media tarde recibí un twitter en que me avisaban de que no vendrían, porque Sara tenía una tarea extra escolar. Me dio pena, claro, pero comprendí que así fuese. Qué remedio.

Así que... cuál no fue mi sorpresa cuando, tras dedicar ayer un libro, levanté la vista y me econtré a Sara, con una rosa en la mano, para mí. ¿Por qué había venido? Como me dijeron sus padres, porque les había hecho un motín.

Resulta que había salido de la escuela decidida a visitarme (tanto es así que incluso se había gastado sus ahorrillos en la parada de la escuela en otro título mío de la colección de El Vaixell de Vapor). Cuando le dijeron que debía asistir a su tarea extra escolar, argumentó que ya había hablado con el profesor que la impartía, y que ya le había dicho que aquel día no se verían porque tenía una amiga escritora a la que quería ir a ver, que era solo una vez al año y que no pensaba perdérselo. Los padres, ante tamaña entereza, fueron incapaces de decirle que no. Qué alegría.

Sara es mágica. Y la verdad, hace que mis días del libro sean mágicos también. Ya no imagino un Sant Jordi sin su sonrisa feliz de lectora voraz.

Gracias, Sara. De todo corazón. Espero que te guste el libro que te llevaste ayer, :-)
La rosa que me regalaste está en un precioso jarrón rojo en medio del salón. :-)

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