viernes, 24 de abril de 2009

CÍRCULOS QUE SE CIERRAN

Parece a veces la vida una novela escrita por un autor obsesivo que todo lo cuadra a medida que avanza páginas.
Ayer fue el día de Sant Jordi, el día del libro en Cataluña. Como es sabido, los autores literarios salimos a exponernos en los puestos callejeros que montan las librerías. Y los autores mediáticos salen a firmar. La diferencia entre los primeros y los segundos es la cantidad de libros vendidos y, también, la atención que pueden prestar a cada unos de sus lectores. Para mí ayer fue un día muy especial. Me ocurrió algo excepcional. Algo realmente extraordinario.

Eran casi las ocho de la tarde. La hora de irme, de acabar la jornada de firmas. Estaba en el FNAC de Diagonal. Había firmado algunos libros. Estaba cansada y miraba el reloj decidida a cumplir hasta el final mi compromiso con los lectores. Mi puntualidad es conocida entre mis amistades.

Y en el último minuto se me acerca un chaval de diez años más o menos, se me planta delante, me sonríe y me dice: Mi padre sabe que a ti te gusta mucho ir a Matarranya. Pensé que me confundía con alguien, al principio. Y se lo dije. El niño miró el cartel en donde constaba mi nombre y dijo: No, no, tú eres Flavia Company, y a veces vas al convento. ¿Yo a un convento? Entonces estuve segura de que se equivocaba, e iba a decírselo, pero añadió: El Convent de la Fresneda.

Ahí caí en la cuenta de que se refería al hotel El Convent, que se encuentra en el pueblo de La Fresneda. Os recomiendo el hotel y el pueblo. Hace tiempo que no voy, pero no tardaré en volver, y enseguida comprenderéis por qué.

Le digo entonces al niño -para entonces ya sabía su nombre-: "¿Y qué haces aquí solo? ¿Dónde está tu padre?" Me contestó: "Mi padre, en la clínica". Pensé, ¿en la clínica? ¿Tal vez era otro hotel? Ese niño sonriente, dicharachero y seductor no parecía estar preocupado ni nada parecido. Yo insistí: "Pero debes de estar con alguien, ¿no?" "Sí, con mi madre", dijo él. "Que ahora viene". Y justo en ese momento apareció una mujer, algo sofocada, con una bolsa del FNAC en la mano, que venía directa hacia mí.

"Mira, que vengo con un encargo", me dijo mientras sacaba del bolsillo tres hojas cuadriculadas, pequeñas, arrancadas de alguna libretita de espiral. También sacó dos ejemplares de mi libro "Con la soga al cuello" de la bolsa y los despositó ante mí en la mesa. "Verás, mi ex marido está en la clínica, lo han operado de un tumor" -en ese momento se le rompió la voz- "y lo primero que ha hecho al salir del quirófano es pedirme que venga a verte, que compre tu libro, que te diga que él también adora Matarranya, que es amigo de la gente del Convent -me dijo sus nombres- y que por favor le pongas una dedicatoria muy especial. Piensa que es lo primero que ha pedido al recuperarse un poco". Me aguanté como pude las ganas de llorar, aunque se me llenaron los ojos de lágrimas.

Tardé apenas unos instantes en comprender por qué Joan -el nombre de quien ahora ya es un amigo- me conocía.

Años atrás, en una de mis visitas a El Convent, al ver que tenían una buena biblioteca a disposición de los huéspedes, y como me sentía yo allí tan a gusto y me caían tan bien los dueños, decidí regalarles dos o tres de mis libros, para la biblioteca, y dejarlos allí, dedicados. Sin duda Joan los encontró alguna vez, los abrió, se sintió cerca de ellos y por lo tanto, de algún modo, también cerca de mí, y en estos momentos difíciles que pasa, me ha buscado, ha llegado hasta mí.

La emoción que sentí no la puedo explicar. Le escribí, claro, la mejor dedicatoria que pude, que supe. Sentí que Joan cerraba un círculo, que me regalaba una historia y deseé con todas mis fuerzas que dentro de algún tiempo, en El Convent, pudiéramos los dos terminar de contarnos los detalles de este encuentro que todavía no ha ocurrido, de esta pirueta del azar que parece el plan perfecto de un novelista que nunca deja cabos sueltos.
Por eso volveré pronto a El Convent, a buscar a Joan, a charlar con él de cuánto nos gusta Matarranya.

***************************************************
DESPUÉS DE ESCRIBIR ESTA HISTORIA, MARCO CHINARRO ME ESCRIBIÓ UN MAIL EN QUE ME DECÍA QUE HABÍA LLEGADO POR CASUALIDAD A ESTE BLOG, HABÍA LEÍDO LA ENTRADA Y QUE ENVIABA DOS FOTOS DE LAS CALLES DE FRESNEDA PARA QUE PODAMOS DISFRUTARLAS EN EL TIEMPO QUE TRASNCURRA HASTA QUE VAYAMOS. GRACIAS, MARCO. AQUÍ LAS PONGO.

31 comentarios:

Anónimo dijo...

Casualidades... sigo tu blog, Flavia, desde hace tiempo. Un link de un link de un link me trajo hasta aquí, y me he convertido en una seguidora silenciosa... hasta este momento.

Desconocía la Matarranya hasta hoy, día en el que he leído un dossier sobre el territorio, que, desde el punto de vista laboral, me ha dejado sencillamente clavada en la silla. Visitaré el territorio pronto, así como la parte catalana de Els Ports, el parc natural. No podré evitar acordarme de tí, y de Joan.

La historia que nos cuentas es sencillamente maravillosa. Maravillosa tú al compartirla con nosotros.

Un abrazo

Luis Antonio dijo...

Sólo una observación: la comarca del Matarranya,aunque de habla catalana, pertenece geográfíca y políticamente a la provincia de Teruel (Aragón). Tiene un interés turístico extraordinario y "El Convent" es uno de esos hoteles singulares con un encanto especial.

Compré tu libro, Flavia, pero tus horarios de firma fueron incompatibles con el mío. Si algún día nos invitas a algún evento cultural o literario nos lo dices y te lo llevo para que me lo firmes.

Un abrazo y gracias por el conmovedor relato que nos has ofrecido

carlos dijo...

Ufff, conmovedora, Flavia. De esas historias impagables para un escritor, de las que hacen que sientas que merece la pena lo que haces, ¿no? Un besote.

ANTONIO MARTÍN ORTIZ dijo...

Amiga Flavia,

Te diré lo que pienso. Hacía ya algún tiempo que no leía en tu espacio nada tan bien redactado, tan cuidado, tan atractivo, tan emocionante, tan interesante, tan real, tan sugestivo, tan bonito, tan “tuyo”, y muchos más “más”, que ese relato que acabo de leer, y eso, después de un día tan ajetreado como el que, me imagino, tuviste el día 23. Enhorabuena por ese relato: es precioso, tierno, y humano.

Como bien sabes que tengo por costumbre situarme, de una forma o de otra, en el terreno que, modestamente, algo conozco, te diré que me parecía que era Ovidio, ese Ovidio tan preferido por mí, quien nos estaba introduciendo en el inicio de una nueva Metamorfosis.

Creo que esa historia bien puede continuar, aunque también soy consciente de que no es fácil superar el nivelazo de calidad que tiene el que nos presentaste.

Un beso cariñoso y un abrazo muy fuerte,

Antonio
(El amigo de siempre y enfático admirador, hoy, si cabe, más todavía)

Álex Nortub dijo...

Precioso y muy emocionante.

Anónimo dijo...

Sé que no té res a veure amb la història que ara et diré. Ni per l'argument, ni per l'estil. Però sí, potser, per l'emoció.
Aquest relat m'ha recordat una mica a El libro de piel de tiburón.

Flavia Company dijo...

Anónimos primero y segundo:
Gracias, muchas gracias, por vuestros comentarios... ¿Podrías dejar vuestros nombres, para dirigirnos a vosotros? ¡Gracias!

Luis Antonio:
En efecto, es Teruel, pero como dicen que no existe... Es una zona preciosa. Y El convent y su gente, una delicia.

Carlos:
Seguro que voy a escribir un cuento, sobre esta historia. Y en efecto, es de esas cosas que pasan que hacen que sientas que vale la pena resistir.

Antonio:
Amigo, gracias. Tú siempre tan generoso.

Alex Nortub:
Sí, sí, fue muy emocionante. Tan humano.

On the road dijo...

Cuando menos se lo espera uno, ocurren cosas... Para lo bueno y para lo malo, la vida es mucho más imprevisible de lo que parece.
Me gusta cómo lo has explicado.

On the road dijo...

Cuando menos se lo espera uno, ocurren cosas... Para lo bueno y para lo malo, la vida es mucho más imprevisible de lo que parece.
Me gusta cómo lo has explicado.

civisliberum dijo...

Una historia preciosa.

Soledad Sánchez M. dijo...

Lo que cuentas es la vida... y también es la magia de las palabras. La literatura me ha presentado a muchas de las personas más maravillosas que he conocido.

No conozco a Joan, pero ves, es mágico: pienso en él y le envío mi fuerza y mis deseos de que se recupere pronto para ir al Convent y releer tus libros.

Estas palabras te humanizan aún más, Flavia. Qué gusto.

Un beso.

Soledad.

Anónimo dijo...

Luis Antonio:
Había olvidado decirte que si alguien tiene el libro y quiere una dedicatoria, no tiene más que decirlo. Como cada semana voy al l'Escola d'Escriptura de l'Ateneu, podemos vernos allí. O bien, si por horarios no coincidimos, podéis dejar en Secretaría el libro, luego yo os lo dedico y cuando os vaya bien... lo recogéis. Gracias por confiar en mi libro y quedarte un ejemplar, por cierto.

On the road:
La vida tiene una imaginación desbordante, sí. Gracias por detenerte aquí para dejarnos tu huella.

Civisliberum:
No me la quito del corazón.

Soledad:
Muchas veces los libros hacen tanta o más compañía que las personas. Estoy de acuerdo.

Flavia Company dijo...

NO SÉ CÓMO LO HE HECHO, PERO EL ÚLTIMO ANÓNIMO ES MÍO. PRETENDÍA, COMO DE COSTUMBRE, DEJAR MI NOMBRE, PERO NO SÉ QUÉ HA PASADO. MI IDENTIDAD SE ME HA RESISTIDO, JAJAJAJA.

Francis Black dijo...

Hola

Si que es bonita esta cronica,los libros van haciendo su historia alli donde estan, creando redes, quiza se tendrian que leer y soltar, menos los dedicados claro e ir por la calle encontrando y dejando libros.

paola vaggio dijo...

Es complicado añadir algo... seguro que tu dedicatoria le dará muchos ánimos. Yo recomendé tu libro en Sant Jordi. No estuve allí porque ya lo tengo firmado y me daba vergüenza repetir, pero deseé que tuvieras mucha cola de gente, o aún mejor, cola de gente especial.

Tomás dijo...

Una preciosa historia.

Flavia Company dijo...

Francis:
Sí, a veces lo pienso. Cuando termino de leer un libro que me ha gustado tengo la tentación de dejarlo donde lo termino: en el metro, la playa, un bar... Quizás empiece a hacerlo.

Paola:
Gracias. De todos modos, seguro que me habría hecho ilusión verte el día de Sant Jordi.

Tomás:
Sí que lo es, gracias.

baldufa c'est moi dijo...

Supongo que acontecimientos como este son los que hacen que un escritor tenga ganas de seguir escribiendo. Es la mejor recompensa que pueda recibir.

carmen dijo...

Mira Flavia,me he metido en tu blog para decirte, que el otro día te conocí a través de,mi gran mesita de noche ,de Alex Nortub,en la cual había un libro tuyo,la Mitad Sombría .Y hoy, en una revista que me ha traido mi madre,he leido un reportaje en el que salias tú con Nuria Amat,Carme Riera y Mercedes Abad.Y de repente ,me he encontrado con lo que cuentas que te ocurrió en la Fnac el día de San Jordi.Que bonito que te ocurra algo así,es emocionante.Lo del Matarraña coincidimos.Es una maravilla de la naturaleza.He estado en El Convent,en El Molí del Ereu,en Ráfales,Cretas.Bueno no sigo ,me imagino que lo conoces todo.En Junio me voy tres días por ahí.Me he hecho adicta de esa maravillosa región .Encantada de haber podido leer esta entrada en tu blog.Saludicos desde la ciudad del Cierzo

Flavia Company dijo...

baldufa:
Exacto. dedicarse a la escritura es tan solitario y tan arduo que, si resisto, es porque a veces, por sopresa, ocurren cosas que parecen magia.

Carmen:
Pues muchas gracias por dejarte caer por aquí. Bienvenida y hasta pronto.

NáN dijo...

Creo que estas cosas, abren más que cierran (círculos, rectángulos y hasta paralelepípedos).

Impresionante, Flavia.

Fernando Solera dijo...

Me ha traído hasta aquí el blog de Carlos Javier Galán, quien te ha dedicado un artículo precioso, y me he llevado una gratísima sorpresa. Ya conocía sobradamente su buen gusto literario, pero no me podía esperar debutar como lector de tu blog con tan buen pie. Bellísimo texto, porque bellísimas son las emociones que has aglutinado en él, Flavia. Quizá no firmases una tonelada de libros en Sant Jordi, pero estoy seguro de que una dedicatoria como ésa jamás la vas a olvidar.

Gracias por compartir una experiencia tan hermosa.

Flavia Company dijo...

Nán:
Tienes razón, podría haberlo titulado círculos que se abren, claro que sí.
Impresionante, sí.

Fernando Solera:
Qué bien que pases por aquí y dejes dichas esas cosas tan bonitas. Muchas gracias. Respecto a la entrada en el blog de Carlos, preciosa, en efecto. Para quienes quieran leerla, aquí está el link: http://carlosjaviergalan.blogspot.com/2009/04/aflojando-el-nudo.html

Anónimo dijo...

que buena historia para el dia de san jordi............un frasquito de amor puro y concentrado...........

Pero........un detalle se te olvida................las bendiciones, aunque silenciosas.... tienen sus efectos.......
.....

chin-chin

quiero conocer Matarranya.........

perdon por el anonimato..........todas las reglas llevan excepciones no?

Flavia Company dijo...

Todas las reglas llevan excepciones, en efecto. Y todas las bendiciones sus efectos, sin duda. Bien lo sé.

Jesús Ortega dijo...

Hola, Flavia.

Gracias por tu comentario en mi blog El clavo en la pared.

Ya te tengo entre mis enlaces favoritos...

y quería decirte también que me encantan tus libros de brevedades, están llenos de humor y sabiduría, "Trastornos literarios", "Género de punto"... Ahora estoy "Con la soga al cuello", me está gustando mucho, pero ya te contaré...

Un abrazo

Flavia Company dijo...

Jesús:
Gracias a ti. Por venir por aquí. Por comentarios tan estimulantes.
Qué bueno el decálogo de Antonio Pereira que has colgado en tu blog. Qué razón tiene.

s(alvaje) dijo...

no añadiré nada, porque sonaría repetitivo, pero que lo he leído, que me ha gustado, y que me alegra conocer historias que valen la pena, y más si me pasan a mí o a gente a la que aprecio, claro
bsos

Anónimo dijo...

hola

Anne Bonny dijo...

Flavia,

Los de Teruel te van a matar y yo también jijiji.

He dado un pequeño gritito que nadie ha oído en la isla.

En otras vidas he conocido bien la zona de rio Matarraña, ahora mi isla queda lejos de tierra firme.

Anne

Flavia Company dijo...

Anne:
Arreglado, Bonny. Gracias. ;)