lunes, 19 de enero de 2009

EMMANUEL CARRÈRE


Es habitual, en estos últimos tiempos, que los autores/as decidan mezclar sus vidas con sus historias, o crear sus historias a partir de sus vidas o de las de sus antepasados. No sabemos aún si esta tendencia aporta algo bueno a la literatura ni si difuminar los límites entre ficción y realidad enriquece nuestro intelecto, pero en cualquier caso, esto es así y así nos lo encontramos.
El caso de Carrère me interesó hace tiempo, cuando publicó su libro -digo libro, que no novela-, "El adversario". Recordaréis el caso del hombre aquél que mintió tanto a su familia -les dijo que era médico, que tenía trabajo, que ganaba buen dinero- que un día, cuando se vio acorralado y supo sin lugar a dudas que iban a desenmascararlo, los asesinó -familia al completo- con una escopeta. El texto de Carrère remite sin duda al de Capote. También "A sangre fría" se construyó a partir de un cruento crimen real y su autor se entrevistó con los asesinos. A medio camino pues entre la novela y el periodismo, estas obras necesitan de una suficiente distancia en el tiempo para valorarlas como es debido. Lo mismo ocurre con el cine. Si pensamos en "Mar adentro", por ejemplo, y la analizamos desde el punto de vista argumental, vemos que solo puede funcionar para los contemporáneos del caso Sampedro, quienes son capaces de enmendar las lagunas de la trama del film gracias a las noticias recibidas por televisión y prensa.
El caso de "Una novela rusa", novela cuya lectura os recomiendo, es distinto. Distinto porque el autor convierte su vida y la de su familia en materia literaria e intenta -que no consigue, en mi opinión- fundirla con el producto de su imaginación y, a la vez, con los resultados de una investigación. Se muestran algo deslavazadas las partes de este libro, se les nota la costura. Sin embargo, tiene momentos de veras brillantes. Habría merecido la pena que Carrère mantuviera la obra algún tiempo más en maceración. Le falta apenas una vuelta de tuerca para dar con algo. Algo auténtico. Insisto, no obstante, interesa su lectura por razones diversas. Lo único que no interesa de todas sus 295 páginas es, precisamente, aquello a lo que da él mayor relevancia: el relato erótico situado a media novela. Pienso que quizás sea porque, en lo que se refiere a ese asunto, el autor fue demasiado fiel a la realidad. A saber. Ya diréis qué os parece.

8 comentarios:

Francis Black dijo...

A mi me gusta este tipo de literatura y quiza mi autor preferido en esto sea Sebald qe mezcla de todo .

Flavia Company dijo...

Francis:
Es interesante. En cualquier caso, este planteamiento textual escapa a los cánones decimonónicos. Ya es un descanso.

Francis Black dijo...

Recuerdo la polemica aquella de Mendoza de el fin de la novela , supongo que se hace literatura desde una determinada sociedad y cuando cambia la sociedad cambia la literatura . Aunque es el tipico tema que se discute siempre .

winsta dijo...

Bueno, pues anotando a Carrère.
Sebald me gusta, así que según Francis, éste también me gustará.
Gracias.

Francis Black dijo...

Winsta

No , no tengo ni idea no lo he leido , lo que me gusta es el tipo de genero literario

winsta dijo...

Sí, sí, Francis, te entendí, pero como a mí también me gusta Sebald, pues eso.
:)

NáN dijo...

Sebald y su vampiro, Vila Matas.

Reconozco que me pirro y que me parece un camino que puede dar muchas sorpresas. Por eso se merece un bocado esta novela.

Flavia Company dijo...

Nán:
Menudo comentario el tuyo sobre Vila Matas.
Esta literatura es la respuesta, en parte, a los certificados de defunción que se le han extendido a la novela, ¿no?