miércoles, 18 de diciembre de 2013

ESTAS FIESTAS, UN LIBRO LEÍDO


Mi propuesta feliz para estas fechas es que todos aquellos que saben leer, lean un libro. Y que después lo compartan con quienes, a su vez, hayan leído otro libro que compartir. Qué maravillosa cadena de historias. Qué cantidad de temas insulsos podríamos ahorrarnos.

Se indigestan los alcoholes, las carnes, los dulces. Se indigestan las discusiones, las ausencias, los excesos. Se indigestan las obligaciones, los enfrentamientos, las deudas. Se indigestan los créditos, los brazos que se estiran más que las mangas, las llamadas telefónicas. Se indigestan las comidas de empresa, los lotes rancios, los favores.

Pero lo que jamás se nos va a indigestar es la lectura de un libro. Las palabras, las páginas, las ideas, las historias. La imaginación, el saber, la reflexión. El silencio, la concentración, el aprendizaje.

Leer es un regalo. Contar lo leído es un regalo también.

Copio a continuación la entrada que publiqué en el blog en 2007, que podéis encontrar aquí: http://fcompany.blogspot.com.es/2007/12/qu-iluminamos.html

12 diciembre de 2007

Me entristecen, me indignan, se me indigestan las luces de Navidad con su exceso, su consumismo ostentoso, su "me da lo mismo el resto del mundo y el medio ambiente y mientras yo pueda pagármelo... ande yo caliente y ríase la gente". (Y por cierto, que ya nadie nunca haga el ridículo apagando cinco minutos las luces de su casa y todo aparato eléctrico doméstico para ahorrar la energía del mundo. JUAJUAJUA).
Apaguemos las luces que adornan las calles. Apaguemos esa flagrante denuncia de nosotros mismos, de nuestra falta de empatía, de sensibilidad, de juicio.
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Me da vergüenza el ejército de compradores compulsivos que en estas fechas caminan como hormigas desorientadas bajo esos focos absurdos que, precisamente, iluminan tan sólo lo que queremos ver, lo que necesitamos ver mientras entramos tienda tras tienda a comprar objetos superfluos, innecesarios, ridículos. Mientras "vamos de compras", expresión tan distinta de "ir a comprar", como bien señaló Adela Cortina en su ensayo "Por una ética del consumo", sobre el que escribí el año pasado en el Periódico, justamente después de las fiestas navideñas -me gustaría que empezaran a llamarse ya de una vez por todas "fiestas de invierno"-, un artículo que os copio aquí y que volvería a firmar palabra por palabra:
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DIME LO QUE CONSUMES Y TE DIRÉ QUIÉN ERES
Publicado en El Periódico de Cataluña. Enero de 2006 (creo; aprox).
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Para muestra, un botón: “El coste para proporcionar salud básica y nutrición a todos los habitantes del mundo que no pueden acceder a ellas en la actualidad es de trece mil millones de dólares anuales, mientras que el gasto anual en comida para animales domésticos en Estados Unidos es de diecisiete mil millones de dólares”, constata la obra de Adela Cortina citada más abajo.
Superada la resaca de los excesos de las compras navideñas, inmersos todavía en la vorágine de las rebajas y enfrentados al fin a la famosa cuesta de enero, tal vez sería éste un buen momento para reflexionar sobre ciertos hábitos de consumo y cuestionarlos, ya que estamos a principios de año y, como anuncia esperanzado el dicho, “año nuevo, vida nueva”.
¿Por qué consumimos tanto? ¿Por qué el mundo rico se empeña en ir de compras como si se tratara de una actividad lúdica y no en ir a comprar cuando así sea menester a causa de necesidades concretas –hambre, frío, enfermedad, entre otras- que deben solventarse? ¿Acaso resulta gratificante la adquisición de objetos que el mercado ofrece aun cuando éstos no nos hagan falta? ¿Nos hace felices comprar? ¿Somos libres cuando lo hacemos? ¿Elegimos o nos manipulan? ¿Puede nuestra conciencia estar tranquila cuando conoce el hecho de que mientras medio mundo consume más de lo que necesita el otro medio necesita mucho más de lo que consume?
En “Por una ética del consumo”, magnífico ensayo de Cortina publicado recientemente por Taurus, se ofrecen numerosas respuestas a estos temas. Leemos que una de las grandes responsables de nuestra conducta consumista es la necesidad de una identidad, individual y social, que el mercado ha sabido aprovechar.
Podríamos entonces formular el antiguo refrán “Dime con quién andas y te diré quién eres” de la siguiente manera: “Dime qué consumes y te diré quién eres”. La pertenencia a un grupo social exige, es verdad, la posesión de ciertos objetos o ventajas que, al mismo tiempo, implican conductas o hábitos. Se consume para parecerse a alguien, para superar a alguien, para demostrar el éxito, para pertenecer a una comunidad. Para ser alguien, en suma. ¿Tanto tienes tanto vales?
Consumir es inevitable, naturalmente. Es necesario para sobrevivir: precisamos alimentos, ropas, abrigo, lugar donde vivir, medio de transporte, etc. El meollo de la cuestión es precisamente lo que de veras necesitamos. ¿Dónde está el límite? ¿A qué correspondería un consumo ético, un consumo moralmente aceptable? ¿Qué es lo auténticamente necesario? No puede limitarse a lo estrictamente físico, claro está. Los seres humanos somos seres sociales que establecemos relaciones con los demás mediante el intercambio, el reconocimiento, la diversión, la cultura, la comunicación.
No son pocas las personas que han advertido de la necesidad de frenar el consumo descontrolado para preservar el planeta de la destrucción total y absoluta. El desarrollo sostenible –lo que la Tierra puede aguantar- pasa por cambiar nuestro estilo de vida y adoptar costumbres que respeten el medio ambiente, su equilibrio y la distribución justa de sus riquezas entre todos aquellos que la habitan y a quienes sin duda pertenecen por igual, incluidas las formas de vida no humanas. Tal vez deberíamos plantearnos que, para poder seguir viviendo bien, habría que vivir ya de un modo distinto, tendríamos que cuestionar nuestras necesidades y basar quizás parte de nuestra identidad, de nuestro éxito, en bienes que no se pueden comprar.
Lo que está claro es que hay que replantearse el asunto. No podemos seguir al ritmo al que vamos, que necesariamente provoca desigualdades insostenibles. Año nuevo, vida nueva: Que nos guíen la prudencia, la justicia y la sensatez.
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lunes, 16 de diciembre de 2013

HABLEMOS DE LA NAVIDAD




Propongo hacer una lista de razones por las que la Navidad 
provoca malestar en muchas personas

1. Por el consumo desatado, febril, injustificado e injusto que se perpetra y se lleva a cabo.
2. Porque hay que reunirse alegremente con personas con las que uno no tiene mucho o nada que ver.
3. Por todos los excesos que se cometen de manera obligada, impune y hasta ufana.

¿Seguís?

domingo, 8 de diciembre de 2013

EN GRECIA. LUZ Y TIEMPO.




Desde Mesolongi. A cuatro horas de Atenas por carretera.
Cierras los ojos. Cuando los abres, la imagen sigue ahí. Cuando vuelves a cerrarlos, se encuentra también dentro de ti.


lunes, 2 de diciembre de 2013

ESQUEMAS RÍGIDOS


En el libro EL PUNTO CIEGO, de Goleman, publicado por Debolsillo y traducido por David González y Fernando Mora, hoy he encontrado este estupendo chiste:

Un hombre que se cree muerto va al psiquiatra, que naturalmente intenta convencerlo de que está vivo. El paciente se empeña en seguir convencido de que está muerto. Por fin el psiquiatra encuentra el modo de demostrarle que eso es una obsesión suya que no responde a la realidad, así que le dice:
"Estamos de acuerdo en que los muertos no sangran, ¿verdad?"
El paciente lo admite. Entonces el psiquiatra coge un alfiler, le pincha el brazo y el paciente, que empieza a sangrar, dice: Esto solo demuestra que los muertos TAMBIÉN sangran.