

Enterada a estas aturas de mi irreversible naturaleza salvaje, CC me ha llevado a la selva tucumana para que me sintiera como en casa. Objetivo alcanzado. El olor, el sonido, la luz, la intrincada vegetación, todo lo percibido por cualquiera de los sentidos me ha colmado de tal manera que resulta difícil describirlo. No es que me haya sentido en mi medio, no. Es más. De pronto me he comprendido mejor. Porque resulta que formo parte de esa desproporción. La contengo y me contiene. La llevo puesta desde siempre y ahora que la veo me identifico con ella y la reconozco. La selva tucumana, sin haberla pisado nunca antes, me ha formado el carácter. Cómo ha ocurrido algo así es algo que quizás vaya a descubrir en tiempos venideros. De momento, es solo una constatación sorprendente.

Y hablando de constataciones sorprendentes, no me dirán que no es la frase de la foto una manera condenadamente extraordinaria de anunciar y hacer propaganda de la leche y de los productos que de ella se derivan. "La verdad láctea". Como la vía, pero más allá. Me quedé pasmada al verla.





