miércoles, 22 de julio de 2009

BREMEN EN MADRID Y MADONNA EN BARCELONA


¿Y qué tienen que ver el grupo Bremen de Madrid y la actuación, ayer 21 de julio, de Madonna en Barcelona?, diréis vosotros. Y yo contestaré: Nada de nada, y eso es lo interesante de Bremen.
Bremen es un taller literario que empieza a reunirse en Madrid en 2007. Lo forma gente diversa, proveniente de campos distintos e incluso dispares. Nos llega ahora este libro, Camarote 503, en que se reúnen relatos de los integrantes de ese grupo que se congrega en un sótano de Malasaña -y seguro que fuman y aquello se llena de humo; como si lo viera.
Acabo de recibir el libro: lo voy a leer con todas las ganas. Escriben en él amigos a lo que conozco y quiero y amigos a los que no conozco -de un modo un otro, estoy cerca de quienes aman la literatura, y esa cercanía puede, en cierto sentido, llamarse amistad, aun entre desconocidos. Siempre he pensado que la gente que lee constituye una especie humana característica, con una serie de rasgos comunes curiosos. Otro día hablamos de ello, si os parece. Porque... ¿estáis de acuerdo, no?
Entonces viene el tema de Madonna. Venimos de Bremen, lo auténtico, a Madonna, el artificio. No os voy a contar qué hacía yo ayer en el concierto de Madonna, pero sea como fuere estaba allí. Aunque no me guste y aunque en algún momento pensara que por culpa del volumen a que estaban los bajos iba yo a escupir mi corazón, zas, como el hueso de un mango.
Madonna canta mal. Pero mal de verdad, es decir, que desafina, da gritos involuntarios. El espectáculo lo constituye lo que lleva a su alrededor, producto del dinero invertido en el negocio. No descubro nada a nadie, lo sé. Pero mira lo tranquila que me quedo.
Del concierto me causaron gracia dos cosas (en algo tenía que fijarme, para aguantar hasta el final): Que la gente que estaba apiñada en pista sostenía en alto algo que recordaba a cuando, en el pasado, la gente encendía su mechero y se quemaba el dedo a poco de sostenerlo encendido. No eran mecheros, eran móviles, pero el efecto, el mismo. Qué gracia que esa imagen se repita, ¿no?
Y la otra cosa que me llamó la atención es que, antes de empezar, en la pista, hubo una mujer con los santos valores de colocarse allí en medio con una silla que se había traído de su casa. Me encantó. Me dio risa. Insuperable, allí ella en el salón de su casa, como si dijéramos, dispuesta a ver lo que echaran en el escenario.
Conclusión: Os recomiendo el libro de los Bremen.
Vale.

viernes, 17 de julio de 2009

PEP TOSAR. MOLTS RECORDS PER A IVANOV

A partir de Ivanov, la obra de Chejov, Pep Tosar y Albert Tola han construido un universo de sentidos que se vierte sobre el entendimiento de los espectadores como si fuera algo ardiendo.
No se puede salir indemne del Círcol Maldà. Y eso es lo que debería ocurrir siempre con el teatro -con el arte-, que no hubiera refugio posible ante él, que se sintiera uno descubierto y desenmascarado, que a uno le faltara el aire y lo buscara en el inevitable cuestionamiento que hay que hacerse de las cosas a poco que se esté de verdad vivo, y no vegetando. Emoción, conmoción, preguntas.
Impresionante lo que ocurre en esa minúscula sala del Círcol Maldà, ante sesenta personas que pueden notar el aliento de los actores y actrices, ver su sudor y creer con ellos en cada palabra dicha.
Hasta el 26 de julio puede verse. No quedan entradas, pero hay listas de espera.
Todos lo hacen bien, doy fe. Pero oigan, lo mío con Pep Tosar es idolatría. Ese señor hace en el escenario lo que le da la gana, lo borda, suma y sigue. Es un actor inmenso. Es una bestia, con perdón. Siempre consigue transportarme. Y qué bien acompañado, además, por Cristina Cervià, Víctor Pi, Xavi Frau y una Laura Aubert que me ha dejado fascinada. Qué poderío el suyo.
Os copio a continuación un texto de Passolini, de 1974, citado en la obra, y que de algún modo recoge el espíritu crítico que se expone y se propone junto a la bella historia de amor que se cuenta.
"Entonces, yo pienso esto: el fascismo, el régimen fascista, no es otra cosa que un grupo de criminales en el poder, pero este grupo de criminales en realidad no ha podido hacer nada, no ha conseguido incidir en la realidad de nuestro país. Ahora, en cambio, pasa lo contrario. El régimen es un régimen democrático, etcétera, etcétera, pero la aculturización, la homologación que el régimen no consiguió obtener en absoluto, el poder de hoy, es decir, el poder de la sociedad de consumo, en cambio, consigue obtenerlo perfectamente al destruir las diversas realidades particulares, al quitar realidad a las diversas formas de ser humano que nuestro país ha producido históricamente de forma muy diferenciada. Y esta aculturización nos está destruyendo, y no puedo decir otra cosa: el verdadero fascismo es precisamente este poder de la sociedad de consumo que nos destruye. Y esto ha pasado tan deprisa que de hecho casi no nos hemos dado cuenta. Ha pasado en los últimos cinco, seis, diez años. Ha sido una especie de pesadilla en la que hemos visto cómo se ha ido destruyendo el país a nuestro alrededor hasta desaparecer. Y ahora, mientras nos despertamos, tomamos consciencia de esta pesadilla y nos damos cuenta de que ya no hay nada que hacer".